Muriendo por dentro

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Estoy muriendo por dentro como si mi peor enemigo hubiese detonado una bomba en mi interior, muriendo por dentro, porque ya no quiero que tu boca me quiera y es ahora cuando quiero quererte, muriendo, como el día más obscuro de mi vida, muriendo, como si mi alma fuese un pañuelo mojado en lágrimas. Estoy muriendo por dentro pues lo nuestro es tan simple que no lo comprendo, muriendo por dentro, porque no sé lo que tengo y no sé lo que quiero. Estoy muriendo por dentro porque contigo siento mi sangre correr y hervir hasta quemarme las venas deseando tocar tus labios. Solamente se que hoy… estoy muriendo por dentro.

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Matando el tiempo

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Vamos matando el tiempo para que el tiempo no nos mate.

Caminamos el pedregoso camino de la vida buscando pretextos, alegóricos a nuestra personalidad, que llenen los momentos, de nuestra vacía existencia y mimen, con llantos, nuestra infame excusa de no querer morir.

Dormimos en brazos de la bella música que nos inspira paz un sentimiento, momentáneo, que al cerrar los ojos, nos deja ver que vamos matando el tiempo para que el tiempo no nos mate.

Un Imposible

Parecía algo que no se podía ver y se sabía que ahí estaba, era como un tipo de extraterrestre escondido entre la maleza, misterioso, aparecía y se dejaba ver de aquellos que, por un tiempo, contaron, con regocijo, lo que un día milagrosamente vieron.

Así es la paz, un sentimiento vivo que pocas veces puede mantenerse por toda la vida. Algunos, somos agraciados de sentirla por momentos aunque luego desaparece en la galaxia de nuestro ser y nos deja con la esperanza de algún día volver a verla.

Un yo como yo.

Como si viviera en otro planeta levito, sin necesidad, entre la muchedumbre, dado mi antisocialismo y me encuentro solo, en un perseguidor, que ni el sol de mercurio imaginare un día.

Salgo a flote del hormiguero y pienso en voz alta,  “es cierto que quiero y no quiero?”

Confundido? No. Simplemente vivo una vida tan sencilla que no le cabe más glamour a los que me acompañan y tan complicada que exijo que se me aparte y soy igual que los demás. Eso es lo que soy, un “yo” que no comprendo los límites y las barreras, un “yo” que sólo leo los labios de los deseos ajenos y vivo a mi manera la tajada, que me ha tocado, de una vida extraña en mi mundo común y corriente.

El pavo real

En medio de las gotas que caían sobre mi húmeda existencia, se corría el rencor, el odio, la miseria y una fuerza que salía del centro de mi pecho, como una onda eléctrica emanada de mi alma, abandonaba mi cuerpo dejándome en una depresión tal que me provocaba querer quitarme la vida, para así, no tener que pensar nada más.

Todo mundo admira la belleza del pavo real y nunca se detiene a pensar lo pesada que debe ser esa maldita cola.